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“El camión Volkswagen es cómodo y responde siempre”

Yanina Rodríguez es conductora profesional y trabaja con un Constellation 17.280 transportando cereales de Córdoba a Rosario. Descubrimos su historia de pasión.

Por Patricia Osuna Gutiérrez

Cada vez son más las mujeres que se animan a conducir profesionalmente un camión. Y junto a varios casos ya conocidos, se destaca también el de Yanina Rodríguez, una cordobesa de 39 años que no es nueva en esta profesión: ya acumula dos décadas de experiencia al volante. Hoy conductora de un Volkswagen Constellation 17.280, “Yani” trabaja en el transporte de cereales, entre su provincia y el puerto de Rosario. TruckMagazine.com.ar la conoció en la reciente etapa de “En la Ruta del Cliente” (ver más aquí), a través del concesionario Corcam (ver aquí). Para conocer su historia, la entrevistamos a continuación…

¿Cuál fue tu primer acercamiento a los camiones?
– Nací en Córdoba capital y aprendí a manejar mirando. Observaba mucho a mi papá cuando conducía y un día tomé coraje y agarré su camión. Me subí al volante a los 13 años, era muy chica. Fue en un Mercedes-Benz 1114, el mejor para aprender, el más fácil. Siempre los fines de semana, cuando no iba al colegio, me iba con mi papá a hacer algún reparto. En la familia somos cinco hermanos, dos varones y tres mujeres, y soy la única que maneja camión. Ellos probaron, pero no les gustó, no se encontraron a gusto.

– ¿Cuándo empezaste a manejar de manera profesional?
– Viví seis años en Frías, Santiago del Estero, y hace 24 años que vivo en Villa del Rosario, Córdoba. Siempre fue normal que manejara el camión. Me decidí cuando mi papá estaba enfermo y ahí me largué sola. Ya tenía a Mailén, mi nena chiquitita. Mi mamá al principio no quería saber nada con que saliera en el camión; y después le dejé al bebé. Me ayudó para que arrancara y así no paré más. Yo tenía 21 años y mi carnet profesional. Más adelante también llegó Matías, mi segundo hijo.

– Al conducir, ¿cuáles son las enseñanzas que tomaste de tu papá?
– Todo lo que sé, los cuidados de la conducción y la unidad, lo aprendí de él
. Y después, con los años y el andar, aprendí de mis errores, y siempre mejorando sobre ellos.

– ¿En qué empresas trabajaste?
– Empecé a trabajar en la empresa de mi papá. Andaba en un Ford 1000 y a los dos años estuve de chofer en un GMC del ’54. Era viejo, pero me encantaba; era de un amigo de mi papá. Después estuve en la empresa Carlos Zanotelli, que era de cereal. Ahí estuve un par de años y después, cuando no trabajaba para una empresa todos los días, siempre algún amigo me decía ‘Yani, tenés un viaje’, así que varios se animaron a darme sus camiones para que haga esos viajes. Volví a trabajar con mi papá un par de años, pero no logramos entendernos. Entonces entré a Transporte Picca, donde hacía carga general, fertilizantes y cereal. Manejé un Mercedes-Benz y trabajé ahí hasta el año pasado.

– ¿Y ahora qué estás haciendo?
– Cambié de trabajo porque me demandaba mucho tiempo fuera de casa
. Ahora trabajo para Mauricio Lencinas, un buen patrón, con quien estamos muy tranquilos. Hacemos únicamente transporte de cereales, y manejo un Volkswagen Constellation 17.280.

– ¿Qué te parece el camión de Volkswagen?
– Me sorprendió. Es cómodo, responde siempre. Y ahora le colocaron un sistema de tolva autocargable que facilita el trabajo, porque no abro puertas, ni levanto lonas. Se agiliza la descarga y se hace en dos minutos: entrás a la rejilla, abrís, descargás y se acabó. Antes tenías que bajar en la descarga. Por su motor MAN, el Constellation 17.280 no necesita urea. Los consumos los estamos probando porque le cambiamos el acoplado con otro eje; antes generalmente estaba entre 31 y 32 litros cada 100 kilómetros. Ahora tal vez un poquito más arriba, pero no tanto… Además, todos los servicios se hacen en el taller oficial, en Corcam, en Córdoba Capital. Soy la única conductora de ese camión y me ocupo de los cuidados básicos: mantengo la cabina, lavo la unidad, las cubiertas, el engrase.

– ¿Qué opinás de la tecnología en los camiones?
– Manejé todas las marcas y modelos: Iveco, Ford, Volvo, Mercedes-Benz, con y sin tecnología. Sin embargo, sistemas que no tenían los camiones viejos como la dirección asistida o el freno motor han cambiado la manera de manejar en la actualidad. El confort es otro para el conductor, te cansás menos, ha mejorado para bien.

– En general, ¿cómo se encuentran las rutas que transitás?
– Realizo los viajes desde mi zona, Matorral o Villa del Rosario, hasta el puerto de Rosario. Son unos 350 kilómetros. Las rutas están destruidas, rotas… Uso la provincial 13, la 158, la 10, la 34 y la autopista Córdoba-Rosario. Por partes están bastante rotas, las tendrían que arreglar ahora…

– En las rutas, ¿los servicios son buenos?
– Hay una deficiencia en los servicios en ruta
. Debería haber más y que sean para ambos sexos. Hace muchos años que hay conductoras profesionales y no hay lugares habilitados, no hay baños. A veces, ni para los hombres… En la Argentina al camionero lo tienen muy de lado. Eso deberían mejorar. En otros países, se llega a una estación de servicio y hay todo para el aseo, lavar la ropa, cocinar, bañarse; y acá no hay nada de eso.

– ¿Qué cuidados tenés al conducir en la ruta?
– Hay mucha inconciencia y poco respeto. Tenés que manejar todo el tiempo a la defensiva y viendo qué hará el otro. Hoy en día es pesado.
Además, falta capacitación práctica. Hoy cualquiera saca un carnet y va arriba de un camión, pensando que es algo sencillito, y no es así.

¿Cómo te acompaña tu familia en tu trabajo?
– Mis hijos, mientras viajo, están en casa y los acompaña una chica; y cuando llego hay que ponerse al día con las tareas del colegio y todo eso. Y con Martín, mi pareja, nos conocimos en el trabajo.
Al principio costó porque yo tenía un trabajo de 25 días fuera de casa. Pero cambié de empresa y ahora nos amoldamos y hacemos varios trabajos juntos. Él tiene su camión, un Iveco Cursor 330, y hace viajes para la empresa en la que trabajo. Viajamos y cargamos juntos cuando se puede. Nos ayudó bastante a afianzar la pareja. Nos organizamos con los tiempos, los horarios se cambiaron…

¿Te gustaría que tus hijos siguieran tus pasos?
– A mi hija no le gusta el camión y al nene, sí. Sabe manejar de vista, entiende para qué sirve todo, ya conoce los lugares y me acompaña mucho. Si bien amo mi profesión, quiero que mis hijos hagan otra cosa de menos riesgo y puedan estar todos los días en su casa. Acá están los riesgos de la ruta, uno sale y está expuesto a que le pase algo. No le tengo miedo a la inseguridad, pero sí al loquito que viene de frente en la ruta.

– Formás parte de Simplemente Camioneras. ¿Cómo es el grupo y qué las une?
– Esta unión sirvió para conocer la cantidad de mujeres que manejan camiones. Hoy superamos las 200 conductoras y hay cada vez más. Algo que se está dando, es que las empresas buscan mujeres para manejar porque tienen el concepto de que somos más cuidadosas con los vehículos. En este punto, quiero mandarle saludos a toda la comunidad de ‘Simplemente Camioneras’ y en especial, a ‘La Negra’ Andrea Paredes y a Norma Arrúa.

– El camión, ¿es un rubro para las mujeres?
– Sí, manejar un camión no es cosa de fuerza, yo no tenía y me las ingeniaba igual. La mujer que quiera ser conductora profesional, que lo haga, que se anime. Para mí, es totalmente normal andar en un camión. Estudié veterinaria un año y dejé porque me gustaba más trabajar. En el futuro me veo con mi casa y mi camión propio, para hacer el trabajo que estoy acostumbrada. Trabajando para educar a mis hijos. Eso sí: no me veo haciendo trabajo de oficina. No me gusta, me siento encerrada, me asfixio. Yo quiero estar en el camión.

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